Duplicar la producción de granos, un objetivo que necesita decisiones

3/6/2026

El desafío que el presidente Javier Milei lanzó al sector productivo durante su discurso en la apertura de sesiones ordinarias ante la Asamblea Legislativa no es un imposible, ni mucho menos. El mandatario habló de duplicar la actual producción de granos y llevarla a 300 millones de toneladas. La Argentina está perfectamente en condiciones de lograr ese objetivo. Tiene todo para hacero, pero sin dudas que no en el actual estado de cosas, en el que los productores, utilizando su máximo esfuerzo, ingenio y capacidad están entregando unas 155 millones de toneladas de granos.

No hay dudas que un paso clave para duplicar el volumen productivo es impulsar un shock de inversiones y de apuesta en tecnología, que hoy es impensado. Sin crédito y con alta presión tributaria no hay recursos disponibles para ampliar la apuesta e ir por más.

El Presidente puso de relieve la mayor accesibilidad a tecnología que supone la eliminación de barreras y la mayor apertura económica; también mencionó la demorada Ley de Semillas y recordó el caso de avances de semilleras argentinas que aportan más productividad en Brasil, pero que esos mismos desarrollos no se pueden utilizar hoy en la Argentina. Son todos desafíos que hay que abordar y resolver rápidamente y de la mejor manera, con la mayor diversidad de aportes. El país debe tener una mayor capacidad de reacción ante los avances tecnológicos para no perder el tren de crecimiento y desarrollo. Y no solo en el agro.

Los productores argentinos son, desde siempre, una gran esponja tecnológica y eso los caracteriza a nivel mundial. No es necesario convencerlos de que adoptar tecnología mejora y hace más eficiente su producción. Es parte de su ADN. Como lo es también el deseo de reinvertir en su producción. Difícilmente piense fuera de su actividad. Intentará siempre, como primera medida, mejorar lo que tiene, tratar de darle una vuelta más de eficiencia, de aprovechamiento de recursos, de incremento en la calidad.

Pero para acelerar ese proceso virtuoso, que el productor lleva adelante siempre con la limitante de los recursos propios, es necesario avanzar rápidamente en normalizar la situación del financiamiento, que hoy sigue siendo caro e inconveniente para muchos proyectos.

Además, otro punto crucial, que mencionó el propio Presidente, es el de las retenciones. La eliminación de los derechos de exportación deben ser una prioridad para que ese dinero se vuelque, como ya ocurrió en otras oportunidades, en ampliar la producción. No hay que temer dar ese paso hacia un camino más virtuoso. Es sabido ya de memoria que casi ningún país en el mundo castiga a su exportación con aranceles. Por el contrario, todos intentar vender cada vez más su producción y, en ese camino, hasta aplican subsidios para ayudar ese tránsito. No es necesario eso en la Argentina con el sector agropecuario. Pero sí dejarlo expandirse en libertad, sin presionarlo con una carga tributaria absolutamente excesiva.

Además, esos recursos que hoy quedan e manos del Estado nacional, podrían distribuirse positivamente por distintas zonas del interior productivo profundo, incentivando allí nuevos negocios y otros emprendimientos. Dejar de cobrar retenciones es una política altamente eficiente para una distribución federal de recursos.

Con todo, el desafío lanzado por el Presidente no encuentra más que aceptación de parte de los productores agropecuarios que sólo buscan producir más y ser más eficientes cada día. Es su razón de ser. Sólo necesitan que les liberen el camino de obstáculos y que los dejen andar. Ojalá eso sea más temprano que tarde.