Importación de carne porcina: “para pensar en crecer y expandirnos el precio de referencia debería estar en $2500”


Así lo asegura el productor porcino José Sebastián Carranza, de la Granja Prasata S.A., quien analizó la situación que atraviesa el sector ante el creciente ingreso de cortes y derivados de cerdo provenientes de Brasil, y advirtió sobre el impacto que esta dinámica genera en la rentabilidad y en las posibilidades de crecimiento de los pequeños y medianos productores.
Según explicó, la importación no reemplaza en su totalidad a la producción nacional, pero sí está afectando segmentos específicos del mercado. “Están ingresando cortes puntuales desde Brasil a un menor costo, con menores aranceles, y eso impacta directamente en la fijación de precios del cerdo en pie argentino”, señaló.
Carranza indicó además que en Brasil se utiliza ractopamina —una sustancia prohibida en Argentina— lo que otorga ventajas competitivas al productor brasileño y genera una asimetría en las condiciones de producción.
Rentabilidad al límite
Actualmente, el sector porcino mantiene niveles de venta firmes, en parte por la diferencia de precio frente a la carne vacuna. Sin embargo, el problema central radica en el valor que percibe el productor.
“El pequeño y mediano productor hoy está muy justo. Se puede mantener la unidad productiva, pero no se puede crecer”, explicó Carranza. Y agregó que la producción porcina es un negocio de volumen, por lo que la posibilidad de proyectar expansión resulta clave para sostener la rentabilidad.
En ese sentido, señaló que el precio de referencia del capón debería ubicarse en torno a los $2.500 para permitir no sólo cubrir costos sino también planificar crecimiento. Aclaró que cualquier recomposición debería ser escalonada, contemplando también el impacto en el consumidor y manteniendo la competitividad frente a otras carnes.
Necesidad de medidas y mayor articulación
Carranza planteó que el ingreso de carne importada debería ser más equilibrado y regulado, reconociendo que Argentina no alcanza a cubrir por sí sola la totalidad de la demanda interna. No obstante, consideró que la apertura actual resulta excesiva y perjudica especialmente a los productores más pequeños.
Asimismo, sostuvo que resulta necesario avanzar en una reforma tributaria que alivie la carga impositiva del sector, particularmente en las escalas pequeñas y medianas, donde la estructura de costos es más vulnerable.
“El pequeño productor genera empleo directo e indirecto. Si la granja crece, crecen también los puestos de trabajo, el movimiento de fletes, la compra de cereal y toda la cadena asociada. Cuando el productor duda en seguir invirtiendo, se resiente todo ese entramado”, remarcó.
La realidad en el sur de Córdoba
En el sur de Córdoba la demanda de carne porcina se mantiene activa, sin freno en las ventas. Sin embargo, el desafío sigue siendo el precio y la necesidad de mayor organización sectorial.
Carranza subrayó la importancia de que los productores se agrupen y comuniquen con mayor claridad la realidad que atraviesa el sector. “Muchas veces al consumidor solo le llega que el precio sube, pero no se entiende todo el contexto que hay detrás. Es un combo que hay que explicar para que podamos salir adelante entre todos”, afirmó.
Desde la Rural de Río Cuarto se continúa acompañando y visibilizando la situación de las distintas producciones regionales, reafirmando la importancia del sector porcino como generador de empleo, arraigo y desarrollo para la economía local y regional.






