Un discurso y una oportunidad para hablar de futuro
Las comunidades y los países necesitan una mirada de futuro para tener un rumbo claro hacia dónde caminar. En particular, la Argentina viene transitando décadas en las que sólo dio vueltas en círculo. Eso la retrasó en la carrera hacia el desarrollo y las secuelas quedaron a la vista. Sin embargo, es hora de dejar atrás el pasado, levar las anclas y poner proa al desarrollo.
En ese marco el discurso del presidente Javier Milei este domingo ante la Asamblea Legislativa es de máxima relevancia. Inaugurará no sólo el período ordinario de sesiones de las cámaras de diputados y senadores, sino que abrirá las puertas a su segunda parte de gestión, su tercer año. Y allí se centran las expectativas luego de haber transitado dos años en los que hubo logros importantes como la fuerte desaceleración de la inflación que amenazaba con convertirse una vez más en un fenómeno fuera de control. También en la férrea baja del gasto público nacional con el consecuente equilibrio fiscal, otro de los sustentos que permitieron poner en caja una situación de desmanejo creciente y espiralizado. En el camino fueron importantes también las bajas de impuestos, que aún están lejos de terminarse y de alcanzar un nivel óptimo, y las reformas recientemente discutidas justamente en el Congreso, que son parte de una agenda con varios capítulos por delante. Estos, y otros logros de la gestión, que comenzó en un kilómetro cero realmente complejo y rodeado de amenazas y dificultades, no son pocos. Sin embargo, para un Gobierno que tenga aspiraciones de terminar su gestión con éxito, que podría traducirse en mejorar las condiciones de los argentinos respecto al período anterior, no es recomendable “dormirse en los laureles”. Menos aún en un país que acumula tantas deudas pendientes. Lo hecho es importante, lo que resta es aún mucho más.
Por eso es relevante que la mirada del Presidente este domingo esté puesta a futuro. Es muy probable que la enorme mayoría de los argentinos a esta altura comprenda cabalmente cuáles fueron los errores del pasado. Ahora es necesario tener claro el rumbo.
El Presidente llegará a ese atril este domingo luego de encadenar una serie de logros políticos importantes, comenzando por el respaldo de las urnas el 26 de octubre que le permitieron relanzar la gestión. Ese resultado le significó un avance de fuerzas determinante en el Congreso que luego le permitió plasmar en leyes y proyectos, hoy en plena discusión en el parlamento.
Pero como se dijo, aún resta mucho para que Argentina esté en el lugar que corresponde. Tal vez incluso dejando esa idea nostálgica del país que supo ser, por otra más desafiante: que logre ser mejor de lo que fue. Y para eso hay mucho trabajo por delante y el discurso del Presidente debe alumbrar ese camino, dejar certezas de la dirección, la velocidad, las decisiones que se planifican para este año y los siguientes. Es que debe haber una agenda de corto, mediano y largo plazo definida y flexible. Porque hay urgencias y también necesidad de políticas de estado para potenciar las oportunidades.
En lo estrictamente sectorial hay un abanico de temas por resolver, comenzando por el tributario, pero sin descuidar la infraestructura, la seguridad y la eliminación de la burocracia que suma costos. Los derechos de exportación son parte de esa agenda de mediano plazo pendiente, porque es necesario lograr un cronograma de eliminación que continúe lo que el Gobierno comenzó, de manera errática pero decidida, el año pasado. Hay que balizar ese recorrido para que los productores, como lo demostraron ya tantas veces, puedan invertir y crecer.


