El empuje del campo no es remedio suficiente para todos los males
El volumen productivo del agro argentino atraviesa uno de sus mejores momentos, con una cosecha triguera que batió récords y que ofreció una disponibilidad de divisas muy significativas para el país, pero siguió con una campaña gruesa que luego de algunos interrogantes logró recuperarse y encaminarse a otro resultado muy positivo, con estimaciones que vienen revisándose al alza. Los balances muestran que hubo volumen récord de las exportaciones agroindustriales durante el primer bimestre del año, que las Declaraciones Juradas de Venta al Exterior de maíz alcanzaron un nuevo máximo histórico en marzo y que en su conjunto el complejo agroindustrial argentino registró el mes pasado un volumen de Declaraciones Juradas un 71% superior al 2025. Pero además, no solo los cultivos tradicionales pasan por un gran momento productivo, la exportación de productos foresto-industriales creció 18 % en el 2025 y las ventas la mundo del sector orgánico marcaron un récord en 2025 con 31% de crecimiento. También creció la producción de leche, y la ganadería viene atravesando un buen momento con señales de precios positivas e indicadores que avizoran un cambio en la tendencia de reducción del rodeo nacional.
Si se quiere, el agro, en sus múltiples facetas, no es el único que viene empujando esta vez del carro, porque la energía y la minería ya empiezan a hacer fuerza para movilizar la rueda, aunque todavía en un proceso que se cree lejos de su techo. Sin embargo la producción de petróleo y gas sigue en crecimiento de la mano de Vaca Muerta mientras se anuncian importantes inversiones en la cordillera para extraer metales y minerales estratégicos, especialmente para la transición energética.
Pero aun así, la situación del país está lejos de remediar todos sus males. Hay un listado extenso de materias pendientes que esperan encontrar soluciones para poder acoplar a más sectores hacia el crecimiento y al país entero hacia el desarrollo.
Hoy hay muchos rubros industriales que aguardan decisiones que les permita adaptarse a las nuevas reglas de juego y ser competitivos con un mundo desafiante. En muchos casos aguardan avances más significativos en reformas que les quiten peso de sus hombros para hacer frente a la competencia. Otras requieren de señales sobre el rumbo que se pretende llevar adelante, como la construcción. Fuera de la actividad económica, pero vitales para el futuro del país, también las universidades esperan conocer la dirección e incluso tener un espacio de debate sobre la educación, la investigación y la ciencia.
El Gobierno avanzó en aspectos macro, necesarios para comenzar a ordenar un escenario caótico e inviable. Decidió recortar un Estado elefantiásico que tenía una presencia tan abrumadora como paralizante, mientras liberó fuerzas a sectores con potencial de reacción inmediato.
Ahora es tiempo de una segunda instancia en la que todos esos logros se amalgamen con una mejor condición de vida para la mayor parte de los argentinos, que debe ser el fin último de cualquier gestión. Sería romper también una tendencia de decadencia, buscando sentar las bases para que cada gobierno deje un escenario mejor al que encontró. No parece algo sencillo en la Argentina, después de varios períodos en la dirección opuesta. Pero debe ser una exigencia constante para esta administración y las próximas.
Hoy parece algo más claro que el país tiene las condiciones suficientes para abandonar esa decadencia. Pero también es evidente que no será de un momento para otro y que el tránsito tendrá costos. Es importante trabajar para que sean lo menos onerosos posible.


