Caputo, y lo que ocurre cada vez que se bajan impuestos al campo
A diferencia de lo que ocurría en otros períodos de gobierno, la actual gestión comparte la idea elemental de que a menor presión tributaria hay más capacidad de producción. Se podria agregar incluso, aunque en esto los actuales funcionarios dudan por la característica específica de los derechos de exportación, que según la reconocida curva de Laffer, hasta puede haber más recaudación con menos impuestos.
Dejando esto último de lado, que supone además un proceso virtuoso de formalización de la economía no aplicable en el caso de las retenciones que no presentan caminos de evasión, el discurso del Gobierno y la acción se encaminan en la dirección correcta; la que muchos sectores productivos vinieron reclamando desde hace años sin ser escuchados.
Concretamente, el ministro de Economía, Luis Caputto, remarcó que “todos hablamos del potencial de la energía y la minería, pero pocos reparan en la extraordinaria reacción de nuestros productores agropecuarios a las bajas de impuestos que hemos hecho a las exportaciones (retenciones) e importaciones (aranceles a bienes de capital, herbicidas, equipos de riego, permiso para importar maquinaria usada, etc). Así, subió fuertemente la inversión y la producción apunta a una cosecha récord para este año”.
Por supuesto que los dichos del funcionario se concentran sólo en el aspecto tributario para explicar el incremento en el volumen productivo, dejando de lado variables tan decisivas y centrales como el clima. La extraordinaria campaña de trigo tuvo como razón central las lluvias del invierno pasado, que batieron récords en gran parte del país. La reacción de los lotes de soja y maíz a las lluvias de febrero fue determinante luego de un enero dramático para muchas regiones agrícolas, como el sur cordobés. En lo productivo, no sólo interviene la presión fiscal, aunque en ciertos contextos es determinante. Y este bien podría ser uno de ellos. Con un tipo de cambio estable y leve tendencia a la baja, costos en alza, especialmente empujados por el conflicto en Medio Oriente, justo en el ingreso a la cosecha gruesa, la ecuación en algunos cultivos como la soja perdió margen de rentabilidad en zonas más alejadas de los puertos y empieza a perforar la línea para volverse negativa. El rinde de indiferencia es hoy una meta que se desdibujó en zonas como Río Cuarto bajo esquema de arrendamiento.
Ahora bien, viejas soluciones parecen una vez más inviables, como imaginar saltos bruscos en el tipo de cambio que intenten reacomodar otra vez esa ecuación. Se sabe, que ese atajo trae siempre soluciones efímeras y problemas recurrentes hacia adelante. Por eso del lado de los costos vuelve a aparecer nuevamente el renglón de los derechos de exportación, esos que el Gobierno asegura que tiene en agenda para eliminar ni bien el margen fiscal se lo permita. La producción agropecuaria acompañó desde siempre la idea de que las administraciones públicas tengan sus cuentas en orden y celebra que desde un primer momento esta gestión lo sostenga sin concesiones. Es un pilar y sostén clave para evitar los descalabros del pasado. Pero es aquí que el reconocimiento del ministro Caputo se vueve relevante: a menor presión tributaria, el campo responderá una vez más con más producción. De otra manera, ante el deterioro de la ecuación agrícola, el riesgo es que haya menos inversión y derive en el círculo negativo de menor producción y caída de divisas. Se sabe que el contexto no es simple y que las dificultades son múltiples y en varios frentes, pero es ahí donde el sector agropecuario puede tener mayor relevancia para aportar soluciones si se mejoran sus condiciones.


