Mujeres en el campo: historias de vida, trabajo y legado en la ruralidad

3/7/2026

Este 8 de marzo, en el marco del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, la Rural de Río Cuarto invita a detenernos un momento para reconocer el papel fundamental que cumplen las mujeres en la vida rural. Su presencia ha sido constante a lo largo de generaciones: acompañando, produciendo, gestionando, criando y sosteniendo comunidades enteras en el corazón del campo.

Muchas veces su labor fue silenciosa, casi invisible, pero imprescindible. Hoy, esas historias comienzan a contarse con nombre propio. A través de los testimonios de mujeres que viven o han vivido en el campo, se revela una trama profunda de esfuerzo, amor por la tierra y una manera particular de entender la vida.

Un legado que se hereda

Para Silvia Ciarmatori, la vida rural no es solo una elección, sino también una herencia familiar. A sus 57 años, recuerda que prácticamente toda su vida transcurrió en el campo, primero en la zona rural de Chucul y luego en Las Higueras, donde formó su propia familia.

“Me siento muy afortunada de vivir en la naturaleza todos los días”, cuenta. En su relato aparecen imágenes simples pero profundas: el patio, las gallinas, las plantas, la casa y el trabajo cotidiano que nunca termina. Lejos de la idea de aislamiento que muchos imaginan, Silvia asegura que la vida en el campo está llena de actividades y momentos compartidos.

Para ella, el valor más grande ha sido poder criar a sus hijos en ese entorno. “Se criaron viendo el esfuerzo y trabajando a la par nuestra, cada uno en su rol”, explica. Y destaca algo que atraviesa generaciones: el lugar de las mujeres en la historia familiar. “Vengo de mujeres ruralistas: mis abuelas, mi mamá, mi suegra… y ahora mi nuera que está empezando a vivir en el campo”.

Aunque reconoce que las condiciones de vida antes eran más difíciles —sin electricidad ni comodidades que hoy parecen básicas— también afirma que el campo sigue teniendo algo único. “Si tuviera que elegir dónde nacer, crecer y formar mi familia, sin dudarlo elijo el campo. Es una empresa a cielo abierto, con sacrificios y desafíos, pero también con mucho a favor”.

La tranquilidad que no tiene precio

La experiencia de Lourdes Medina muestra otra cara de la ruralidad: la de quien llegó al campo desde la ciudad y descubrió una forma distinta de vivir. Durante diez años compartió con su familia la vida en un establecimiento rural cercano a Río Cuarto.

En su memoria aparece con fuerza una palabra: tranquilidad. “Acostarte y que te despierten los pajaritos, el sonido del molino con el viento… eso es lo que más extraño”, cuenta.

En el campo, Lourdes vivió momentos muy especiales, como el nacimiento de su hijo Ignacio y los primeros años de su infancia. Durante la pandemia, esa vida rural se transformó en un refugio. “Mi hijo prácticamente no sintió la pandemia. Salíamos a caminar, jugábamos en el pasto, explorábamos la naturaleza”, recuerda.

También hubo desafíos: caminos rurales que se vuelven intransitables con la lluvia, distancias largas para llevar a su hijo al jardín o incluso días en los que la familia quedaba aislada. Pero incluso esas experiencias se transformaron en recuerdos valiosos. “Son cosas que en la ciudad no pasan, pero que después uno cuenta como una aventura”.

Para Lourdes, haberle dado a su hijo la posibilidad de crecer rodeado de animales, naturaleza y libertad fue un regalo. “Para un niño, vivir en el campo es una experiencia hermosa”.


Una presencia cada vez más visible

Las nuevas generaciones también están marcando su propio camino dentro del sector agropecuario. Daniela Salvagno, recientemente elegida presidenta del Ateneo Juvenil de la Sociedad Rural de Río Cuarto, representa ese proceso de participación femenina en los espacios institucionales y gremiales.

“Yo veo a la mujer en la ruralidad como una protagonista cada vez más visible”, afirma. Y aclara que, aunque las mujeres siempre estuvieron presentes en el campo, hoy su rol se reconoce más abiertamente.

En muchas explotaciones agropecuarias participan activamente en la administración, la planificación y la gestión de recursos, además de sostener la dinámica familiar. Al mismo tiempo, cada vez más mujeres ocupan espacios de representación dentro de instituciones vinculadas al sector.

“Más que hablar de roles específicos, se trata de reconocer capacidades. La mujer en el campo no está limitada por el género; puede hacer cualquier actividad que se proponga”, sostiene Daniela.

Historias que sostienen la ruralidad

Las voces de Silvia, Lourdes y Daniela reflejan distintas etapas y formas de vivir el campo, pero comparten un hilo común: la convicción de que la ruralidad es mucho más que un lugar de trabajo. Es una forma de vida donde se mezclan el esfuerzo cotidiano, los vínculos familiares y el amor por la tierra.

En este Día Internacional de la Mujer Trabajadora, la Sociedad Rural de Río Cuarto busca poner en valor esas historias que muchas veces transcurren lejos de los grandes centros urbanos, pero que resultan fundamentales para el desarrollo de las comunidades rurales y del país.

Porque detrás de cada campo hay también mujeres que cuidan, organizan, producen, educan y construyen futuro. Mujeres que, generación tras generación, siguen sembrando vida en la ruralidad.